Modelos de Reloj

Ejercicios y actividades para la mente de nuestros mayores

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en la cantidad de información que almacena nuestro cerebro? Mucha de esa información consiste en los recuerdos de nuestra vida, posiblemente lo más preciado que podemos almacenar. Y es por ello que resulta esencial cuidar de nuestro cerebro, para que la memoria resista lo máximo posible a los años.

La memoria es una función de nuestro cerebro que nos permite codificar y almacenar todo tipo de información que adquirimos a través de la experiencia y el aprendizaje. La memoria permite a las personas tener una visión continua y coherente de sus vidas. Sin embargo, a medida que envejecemos, el cerebro sufre distintos cambios que en ocasiones inciden directamente sobre nuestra memoria. Es muy común que las personas mayores empiecen a tener fallos en la memoria, los cuales si bien pueden resultar frustrantes, no son motivo de preocupación. La pérdida de memoria se evidencia de distintas formas dependiendo de la persona. Y es necesario diferenciar los fallos de la memoria normales en personas mayores, del deterioro asociado a la demencia.

Pero afortunadamente, con el avance de la ciencia y el progreso de la investigación, se ha confirmado que el cerebro, al igual que cualquier otro músculo de nuestro cuerpo, es necesario ejercitarlo para que siga funcionando correctamente. La plasticidad cerebral o neuroplasticidad se puede llegar a mantener constante a lo largo de toda la vida, siempre que pongamos en práctica el cerebro. Y existen muchas formas de conseguirlo:

  • Leer

Está demostrado que el hábito de lectura mejora la memoria. Esto se debe porque al leer hacemos que el cerebro se acostumbre a recordar personajes, hechos, detalles o situaciones, convirtiéndose en un gran ejercicio mental.

Además, se trata de una actividad que no solo requiere habilidades cognitivas, sino también motoras, que por su complejidad requiere de ciertos procesos mentales que estimulan el desarrollo neuronal, la automatización motora, el procesamiento fonológico, el lenguaje, la atención, la memoria, el análisis y la abstracción, por lo que trae muchos beneficios a quien la ejerce.

  • Puzzles y juegos de cartas

Hacer puzles es una afición que tienen muchas personas en todo el mundo. El desafío que supone enfrentarse a un puzle unido a su carácter lúdico lo convierten en una actividad ideal para practicar en soledad o acompañado.

Cuando armamos un puzle, el cerebro realiza una serie de ejercicios para encontrar la relación entre las imágenes de las piezas y recordar la que habíamos visto con anterioridad. Esta actividad, también favorece la concentración, fomenta la paciencia y reduce la ansiedad.

En cuanto a los juegos de cartas, además de ser un ejercicio para la memoria pues ayudan a retener información e, incluso, trazar estrategias, supone una actividad muy divertida y que facilita la socialización incluso entre personas de diferentes generaciones.

  • Ejercicios de calendario y reloj

Una acción tan sencilla como marcar en el calendario el día y el año actual, puede ayudar a trabajar la orientación espacio-temporal de una persona. Crear esa conciencia del tiempo, ayuda a la persona a ubicarse y ser capaz de recordar el pasado y vincularlo con el presente. Para practicarlo a diario, existen calendarios físicos en los que la persona tiene que marcar el día, el mes, el año, la estación e incluso el día de la semana o la hora.

En cuanto al reloj, otro ejercicio que puede ayudar a trabajar la memoria es interpretar la hora en relojes de aguja y relojes digitales, no solo definiendo la hora en cada uno de ellos sino haciendo el cambio de cómo se representaría una hora determinada en un tipo de reloj u otro.

  • Juegos de memorización

Está claro que memorizar ayuda a ejercitar la memoria, y si es a través de juegos, desde luego es mucho más divertido. Para ello, por ejemplo, podemos plantear retos como: ¿Qué objetos hay en el armario? ¿Qué comida hay en la nevera? La idea es que, tras memorizar durante un breve espacio de tiempo los objetos que se encuentran en un lugar concreto, la persona sea capaz de recordarlos aportando el mayor número de detalles posibles.

Este tipo de juegos ayudan a ejercitar la memoria visual, clave en el proceso de lectura y escritura pues nos ayuda a relacionar lo visual con lo verbal. También puede contribuir al recuerdo de lugares o caras conocidas.

Otros juegos de memoria visual son, por ejemplo, la búsqueda de diferencias entre dos imágenes, las parejas de cartas…

  • Aprender

Todos los días se puede aprender algo nuevo. Además, aprender y mantener una actitud curiosa ante la vida es, sin duda alguna, uno de los ejercicios que mantendrá activa nuestra plasticidad cerebral favoreciendo la actividad cognitiva en general.

Aprender a hablar un idioma, a tocar un instrumento, canciones nuevas, visitar museos, charlas o cualquier otro tipo de actividad cultural. Nunca es tarde para aprender cosas nuevas.

A través de la estimulación cognitiva cualquier persona puede ser capaz de mejorar sus capacidades como el lenguaje, la memoria o la atención. Se trata de una actividad destinada a cualquier persona por sus beneficios, sin embargo, se encuentra especialmente orientada a las personas mayores en el proceso de envejecimiento normal aunque no tengan ningún tipo de demencia, ni pérdida de memoria, como así también para personas con deterioro cognitivo leve y en situaciones de demencia leve.

Muchas veces, ocurre que los adultos mayores comunican que tienen dificultades para recordar cosas que antes evocaban con facilidad, de no poder encontrar las palabras adecuadas cuando lo necesitan, de olvidar dónde colocaron determinados objetos. En muchos casos, los déficits se deben a un proceso de envejecimiento normal, pero en otros pueden significar una señal de alarma que puede derivar en procesos neurodegenerativos.

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