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La gestión emocional en niños

Familia con niños sentada en el sofá de casa

Familia con niños sentada en el sofá de casa

Escrito por Rosa García Sánchez / Pedagoga y Educadora infantil / @pizpirettacoqueta

¿Cómo gestionar las rabietas de nuestros niños?

Para la mayoría de los padres encontrar una solución a las rabietas es vital para no “morir en el intento” en esta aventura que es la paternidad/maternidad.

Las rabietas surgen a partir de los 2-3 años. Pueden ser pasajeras, pero si la ira y su frustración no se canaliza de forma adecuada, puede ser un problema más adelante.

La adecuada gestión emocional de nuestros niños es fundamental en su desarrollo, pero esta gestión necesita de un aprendizaje por parte del niño y de las personas que están alrededor. Así podrán comprender y manejar sus emociones con éxito.

Para ello hay que tener en cuenta algunos de estos consejos:

 

  • Hay que ser coherente. Es decir, si quieres que el niño se tranquilice tú tienes que estar tranquilo. Eres el adulto y el ejemplo del niño, por lo tanto tienes que mantener la calma y actuar tanto en casa como en público de la misma manera. Tienes que procurar que tu hijo no te contagie su frustración.

 

  • Empatizar en lugar de castigar. Si le castigas, conseguirás que reprima sus emociones de forma puntual, pero no sabrá manejarlas a largo plazo. Para ello, como padre/madre necesitas comprender el motivo de su enfado y darle soluciones.

 

 

  • No ignorar las emociones del niño. Si tu hijo tiene una rabieta es porque no sabe cómo expresar lo que le molesta de otra manera.  Por eso, después de la rabieta hay que hablar con él niño sobre lo que ha pasado, cómo se ha sentido y cómo se podría sentir mejor.

 

  • No razonar en plena rabieta. El niño no atiende a los argumentos por muy racionales que sean, por lo que recuerda, él no es un adulto, lo que te parece importante a ti, a él no tanto.

 

 

Todos estos consejos hay que seguirlos cada vez que suceda una rabieta, no sólo una vez.  Si fuera de otra manera no lo aprenderá

Así que paciencia! Y recuerda, son niños, cuida cada palabra y acto que hagas.

 

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